Es curioso cómo uno puede pasar por etapas en las que puedes dedicarte a doscientas cosas a la vez, y aún así­ llegar a encontrar ciertos “tiempos muertos” en los que puedes hacer incluso más cosas, y pasar por otras en las que hay dí­as en los que no puedes permitirte el lujo de dedicar 30 segundos a calentar la leche para el café por la mañana. Curiosamente, y dada la situación actual, puedo presumir de estar ahora en la segunda situación. Eso sí­, bastante cansado (y desanimado en ocasiones), pero contento en cualquier caso.

Así­ que como tantas otras veces, la carpeta se va llenando de proyectos sin realizar, para en un futuro volver a rescatar, cuando el tiempo y la situación lo permita, lo que me parece que no va a ser en breve. Al menos, no a un año vista, pero quién sabe.

En cualquier caso, y aprovechando que parece que la carga afloja, al menos si la comparamos con los últimos meses, aquí­ queda este mensaje. Y ya veremos si cae alguno más, aunque a los diez borradores sobre libros leí­dos en el último año y medio habrá que ir haciéndoles un hueco. Y a la reseña de Decadencia y caí­da del Imperio Romano de Edward Gibbon, que me ocupa las pocas horas de lectura que voy rascando, y que quiero ir preparando aunque aún me queden los dos últimos volúmenes.

Y por hoy nada más, sólo esperar que os guste el nuevo nombre (sólo ha llevado cinco años bautizarlo).